miércoles, 24 de noviembre de 2010

Ejercicio 3: Reescritura

El día en que ni la marea te salva


En un sueño se encontraba, ni el sonido de la agitada marea que entraba por su ventana lo despertaba del delicioso aroma que poseían los higos de aquel bosque a donde lo había transportado su sueño.

El seguía en aquella gloria, por más que el sueño le presentara una suave y triste llovizna proveniente de nubes imaginarias, no hacía caso alguno solo atinó a ser feliz.
Sintió que algo lo despertó, no era la suave llovizna de su sueño pero, sabía que si algo así hubiera ocurrido en la vida real no le hubiera caído agua, con suerte se trataría del amargo guano proveniente de las aves de alta mar.

Santiago se despertó muy temprano por la madrugada, no efectuó movimiento alguno, solo espero el momento en que llegara aquel párroco, el que iba a encerrarlo en un profundo sueño para no despertar jamás.

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